"Tenemos que hablar. Pero no quiero hablar por teléfono." Esa frase resonó como el eco en la montaña. Esa frase me pone ansioso. Muy ansioso. Terriblemente ansioso. A ver, ya que alguien haga una distinción entre una charla cotidiana, casual o rutinaria y nos muestre que hay un tema que se desprende, nos marca algo. Es como una charla VIP que deja afuera a las comunes. De qué me quiere hablar!? Qué pasa que tenemos que sentarnos a hablar ? También me gusta llamarlas charlas encendedor. Porque en mi encienden un montonazo de conversaciones internas, por supuesto todas negativas. Si fuera algo bueno, me lo diría por teléfono ahora, es lo primero que pienso. "no te puedo decir el tema porque sería empezar a hablar y quiero charlar personalmente" Pero, qué es una tortura? Por qué ni el tema me dice? A mi esto me anula todas las horas que pasan desde que corté el teléfono hasta que me junté a charlar. Esto sea con clientes, amigos,familiares, mujeres o novia. En el caso de la novia todo se potencia. La curiosidad no tiene límites. Sobre todo porque me pregunto: y ahora qué quiere hablar? otra charla más! Con qué se va a salir ahora? La mafia tiene su beso de la muerte. Será este el café de la muerte? Y sino lo es, para mi es la muerte esperar el momento. Los últimos minutos son con la previa a una final. Cada segundo se hace una larga espera. Siento como cuando daba exámen en la facultad y no soportaba más la incertidumbre y lo único que quería era dar el oral, no importaba como me fuera, que pase, termine de una vez esa espera. Tenemos que hablar, en una mujer es como abrir una caja de pandora. Y en mi es como ponerle una pesa de 5 kilos al segundero.
lunes, enero 15, 2007
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