Estoy parado en el pasillo que da al escenario. Puedo estar tranquilo y nervioso a la vez, es raro, antagónico. Pero, es así. Antes de salir se producen esos momentos donde los relojes no mandan, porque no hay tiempo. Se estiran los minutos, se adelantan los segundos. El presentador me nombra. Suena la música que elegí, el público aplaude. Hago una pausa. Corro la cortina, salgo, veo las primeras caras, hago un paneo. Me muevo, camino el escanario hasta la otra punta, es el momento de la acción, no hay pensamientos manifiestos. Busco contacto visual con las primeras mesas. Miro a través de las luces a los que están más lejos, los miro sin mirarlos, por culpa de los focos, casi como un acto reflejo. Agarro el microfóno, llevo el pie a un costado. Y salto al vacío. No hay sensación de mayor exposición que hacer humor. Que hacer monólogos de humor. El feedback es instantáneo. Tuve bandas, dí clases, conferencias, charlas en empresas, presentaciones de productos, teatro, discursos políticos, en ninguno me sentí sin red como en el stand up. Es a la vez maravilloso. Es poderoso. Es un vicio. Una droga escuchar las risas, una caricia al ego los aplausos. Es un pacto entre desconocidos. Porque mientras estoy ahí, doy lo mejor de mi para que se rían. Un pacto individual, comediante/espectador. Pero, espectador individual, no masificado. Se crean códigos instantáneos. Con la primera risa, cambia el aire. Y puedo volar. A veces la cosa empieza fría y está muy bueno igual. Los voy llevando. De a poco. Hasta la carcajada. Soy el líder. El comediante es el líder de ese momento. Efímero líder anónimo. Salgo primero, en la lista de comediantes. Algunos comen, otros todavía están pidiendo. Y otra vez, les gano su atención a cambio de una risa. Confianza. Cada risa es un paso seguro. Es sinergia. Es saber que cuando digo eso, se ríen. Y se ríen. Me voy. Me apluaden. Agradezco. Dejo instaladas sonrisas. Y me doy cuenta que eso de medir el tiempo es puro verso. Porque pregunto cuánto tiempo hice? 18 (minutos) me contestan. No parecen, porque a mi se me fueron tan rápido como rayo iluminando el cielo. Nada en la mente, es un espacio de emociones, de piel. Subí y bajé del escenario al camarín a estar en silencio. Y volver para darle una palmada fuerte en el pecho al que está saliendo.
viernes, mayo 23, 2008
Hacer reír.
Etiquetas:
stand up
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1 comentario:
Y en verdad me diverti muchisimo cuando te escuché en el stand up!
eres lo maximo Gu
bsos
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